Ante estas afirmaciones es lógico que mucha gente piensen de mí que soy un idiota y sumen a ello infinidad de calificativos negativos hacia mi persona (apestado, insolidario, loco, etc.) Y tienen razón, he sido desde siempre un idiota, pero no por el hecho de fumar. Me explico:
Fui un idiota al creer en la sociedad de mis mayores, por vivir durante un preciso tiempo, vivir cuando "España era diferente" y teníamos prohibido hablar en catalán en según qué lugares o según a quien te dirigías (entonces se nos imponía hablar en cristiano). Sí, un tiempo en el que me predicaban que fumar y beber me hacía más viril y créanme, así lo sentía personalmente con mis trece años cuando encendía un cigarrillo o bebía un vaso de vino aunque solo fuese en las comidas, fui un idiota cuando tomé de ejemplo a maestros (que fumaban), cuando quise parecerme a los actores de cine más admirados por las chicas de mi época (fumaban y bebían), cuando hice caso de los atractivos anuncios en carteles, radios y posteriormente televisivos, fui un idiota por no discurrir lo suficiente ante el hecho de poder adquirir un paquete de tabaco (o cualquier tipo de alcohol) facilísimamente siendo menor de edad tanto en el estanco como en cualquiera de las máquinas expendedoras dispuestas en la vía pública en cuanto al tabaco o en cualquier tienda de comestibles o bodega para el alcohol. ¿Cómo podía pensar que el Estado comercializaba unos productos tan mortíferos y letales como si fueran caramelos? Fui un idiota por imitar a médicos de cabecera, cirujanos, psicólogos, militares, políticos, pintores y escritores, gente de avanzada edad que admiraba y hablaba con ellos mientras se bebían su "carajillo" y se fumaban su "caliqueño "en su apreciada terraza de su bar-cafetería o cuando jugaban a las cartas, ajedrez, dominó etc., en el interior de este. Fui un idiota pocos años más tarde porque también me gustaba soñar con una "buenísima" rubia montando a caballo que anunciaba un brandy (entonces coñac) en un famoso anuncio de TVE donde una voz en "off" decía: "... es cosa de hombres ", ligando el sexo, la equitación y el alcohol con la baronía cuando aún el sexo era tabú. En fin, fui y soy un idiota porque así me educaron.
Hoy en día sigo siendo un idiota por creer y haber votado a políticos que fuman "Puros Habanos" al estilo Churchill y que reciben (o recibían) de Fidel Castro, también soy un idiota por convivir con gente que se ve obligada a desayunar en un bar o por no haberme dado cuenta de la importancia de este cambio social, personalmente nunca me he sentido obligado a ello, soy un idiota por tener como compatriotas a los que todavía creen que con la imposición y prohibición se arregla todo, y así podría llegar enumerando mi idiotez hasta encontrar la meta en el infinito y traspasarla.
¡Vaya! Soy infinitamente idiota, pues no entiendo porqué teniendo los pulmones como los de la fotografía mostrada no tengo la consideración de enfermo como el cocainómano o cualquier otro tipo de drogadicto, tampoco entiendo porque nadie ha dado oficialmente al tabaco y al alcohol la catalogación, consideración o categoría de drogas. ¿Son drogas legalizadas? Y en todo caso ¿Seguiré siendo un idiota para no pedir responsabilidades al estado u otros, en cuanto a todo esto, como bien se ha hecho en otros países? Todos sabemos que esto no es América.
Conclusión, soy idiota debido a la pésima educación recibida, tipo de educación que acaba minando la fe puesta en aquellos valores por los que los de mi generación tanto luchamos en nuestro tiempo con la esperanza de que los gozaran las próximas generaciones.
Observe, lector, que en todo el escrito no me he referido a la libertad ni a la democracia, lo hago exclusivamente sobre la educación, la que he dado a mis hijos, siempre sobre la base de que no deben drogarse con ninguna sustancia, incluido el tabaco y nunca en que no pueden, jóvenes por cierto que cuando un lugar no les gusta, (bar, restaurante, cine, etc.) no entran y se van a otro que les gusta más, haciendo uso de su libertad, jóvenes que eligen, sin embargo, ellos sí tienen conocimiento, conciencia de que inevitablemente actúan de manera negativa para su entorno y para ellos mismos, saben que con sus vehículos contaminan, que tratan con productos sumamente nocivos en sus respectivos trabajos, que respiran el aire contaminado por fábricas y por un largo etcétera de "fuentes" que a su vez contaminan ríos y mares, jóvenes que peligran de muerte en su trabajo, en carreteras y se alimentan mal aún no deseándolo, jóvenes, que por otra parte, deben hacer uso de condones para practicar el sexo y estar vigilantes controlando la aguja de la inyección de la enfermera o médico, la boquilla del aparato de control de alcoholemia del agente de autoridad de turno o de los utensilios de afeitar del barbero.
Hay cosas por las que también mis hijos tienen que luchar por cambiar, y de hecho lo hacen, reciclaje, erradicación del hambre en el mundo, evitando el uso del plástico, usando energías más limpias, etc. Siempre hay algo que merece nuestra dedicación y que lleva como meta lograr un futuro mejor. Son los tiempos que les toca vivir.
Me parece que ya he pincelado bastante bien lo que quería enseñar al lector, hasta ahora. ¿Pero cómo podemos curar mi idiotez? Por mi parte hago mil intentos diarios sin conseguirlo.
A ver. Tratemos este asunto pasando al otro pulmón de la imagen. ¿De qué murió el que tenía el pulmón sano de la fotografía que se muestra? Enfermedad, asesinato, accidente de tráfico, accidente laboral, por las drogas diferentes al tabaco, equivocación o error (médica u otra), accidente en la vía pública o doméstico, suicidio, estrés, cáncer de colon o de estómago, cirrosis, etcétera. No lo sabemos, la cuestión es que solo sé que murió joven y con los pulmones sanos, de no fumador. Acabemos pues: Vivir puede matar. ¿Y no es una pena morir joven con o sin los pulmones sanos?
Permítanme que dedique este escrito, primero a todos aquellos amigos míos y parientes que ya murieron, fumadores o no, muchos de ellos en edad muy temprana y que yo sepa ninguna por causa del tabaco. Las causas: accidentes, enfermedad o asesinato.
Vaya pues este escrito para vosotros amigos míos, que juntos nos bañábamos, bebíamos y pescábamos en y de las cristalinas aguas de los cuatro ríos de nuestra ciudad (Girona), ahora secos algunos y llenos de un sucio y ennegrecido líquido los demás. Para aquellos que en verano se refrescaban en las muchas fuentes del Valle de San Daniel, de aquellas aguas que se decían tantas maravillas ahora ya desaparecidas. Para todos aquellos que tomábamos el sol en la playa sin necesidad de protector, por los que tantas veces pudieron acompañarme a largas excursiones en bicicleta sin la preocupación de ser atropellados en la carretera, por los que nunca tuvisteis que limpiar de los pies el negro dejado por el viscoso y pegajoso petróleo perdido entre la arena de las playas, para los que me acompañasteis a pescar en nuestros ríos sus desaparecidos peces, "Vagra, Barbo, Pez-Sol, Trucha e incluso el Cangrejo de río autóctono (actualmente sólo sobrevive la Carpa y no sé si la Anguila)”.
Sea también por vosotros amigos de mi generación aún vivos, los que conocisteis a vecinos con nombre y vivíais en casas de puertas abiertas, por los que comisteis en el plato de los vecinos y amigos y viceversa, para los que reconocisteis “el valor” de un maestro al que siempre respetamos por su sabiduría y edad o fuisteis conscientes de la importancia de la puntual y única bofetada recibida de un padre a quien adorábamos y nos adoraba, para vosotros que recibisteis enseñanzas con dos únicos libros y supisteis de la represión de aquellos mayores de oreja pegada al aparato de radio, escuchando a escondidas cuando estaba prohibido escuchar ciertas emisoras como" La Pirenaica ", uno más de los motivos que nos incitaron a la lucha por cambiar nuestra sociedad, (nuestros hijos ahora se comunican por Internet). Para los que aún celebráis las fiestas en familia, para los que conocisteis el bacalao como comida de pobres, en fin, vaya por todos los que recibisteis mi misma educación y sabéis de qué hablamos cuando nos referimos a la libertad, al respeto, a la honestidad, moral, honradez, trabajo, esfuerzo, lucha y sobre todo cuando nos referimos a las prohibiciones y sus consecuencias, más cuando estas van acompañadas de ánimos (por parte de ciertas asociaciones, grupos o personas) para que se denuncie a los que incumplan una puntual ley no habiéndolo hecho anteriormente hacia otros delitos como el de robo e intimidación, maltrato, discriminación, violación de domicilio, venta y tráfico de drogas, etc. transportándonos a unos tiempos que creíamos ya muy lejanos, tiempo que nadie con dos dedos de frente desea, ni nadie merece vivir.
Y ya puesto. Vaya pues también para todos aquellos que no son hipócritas y reconocemos que vivimos en una sociedad desequilibrada moralmente, que más que racista, es desigual, que desprecia al envejecido, al feo, al gordo o a la gruesa, al diferente, al peculiar, al pobre, al enfermo, pasándose por los “forros” irónica y picarescamente la teoría de la igualdad.
Una sociedad donde todavía la mujer sigue por debajo del hombre en cuanto a valoración, oportunidad y salario por mucho que se pregone lo contrario. En una sociedad donde el pago de las crisis va a cargo del que tiene poco, culpable de esta por creer en milagros y sueños maliciosamente presentados y enseñados por los que tienen mucho y a los que, sin embargo, se les ayuda con el dinero de los colectivos más castigados, de los que no pueden evadir impuestos, en una sociedad donde los anuncios de ofertas de trabajo únicamente van dedicados a personas que no sobrepasen los treinta años, exigiendo un elevado nivel de estudios y conocimientos para darles un salario insuficiente y ahogándolos con un cortísimo contrato, donde la culpa de la falta de competitividad de las empresas la tienen sus obreros que haciendo turnos de doce, catorce y hasta dieciséis horas no trabajan lo suficiente ni se preparan suficientemente para poder ocupar su propio puesto de trabajo adquirido como derecho fundamental, una sociedad donde las autoridades sanitarias aconsejan hacerse una revisión anual sanitaria cuando tiene dificultades serias para poder cumplir con la demanda de los medicamentos necesarios, entre las muchas otras dificultades presentes que "Salud" tiene.
Finalmente, vaya por todos los que se dedican a legislar para un pueblo ignorante y sin cultura resistente a leer la letra pequeña, que en momentos como los de ahora se entretiene en hacer perseguir al fumador haciéndoles olvidar sus verdaderos y graves problemas. Legisladores, por cierto, que siempre nos equiparan con Europa para algo que les conviene, recortes, obligaciones y deberes y nunca para lo que los demás europeos reciben proporcionalmente de sus respectivos gobiernos a cambio de lo que sus ciudadanos aportan. Para politicastros que nunca cumplen sus promesas electorales y se ven siempre obligados a mentir, a enmascarar las cosas, para esconder como hacen correr la gallina de los huevos de oro.
¡Qué grave es fumar!
Sí joven lector, soy un reconocido apestado idiota fumador de sesenta y tres años de edad que deja el tabaco mil veces al día sin conseguirlo y que quiere ayudarte como si fueras mi hijo:
¡No fumes! ...... Y tampoco bebas alcohol, ni otras drogas, ni consumas productos con estabilizantes y aditivos. Cuida tu alimentación y haz algo de ejercicio diario, no te acerques a las líneas de alta tensión, ni abuses de tu teléfono móvil, conduce lo mínimo y con prudencia, no abuses de tu PC, y evita la ubicación de aparatos eléctricos en tu habitación, TV, radio, etc. Duerme las suficientes horas. Escoge bien a tus amigos y evita peleas, evita lugares con mucho ruido con mucho aforo de gente y sobre todo respeta a los demás, por diferentes que sean a ti. Quizás así vivas muchos años más que yo o que mi madre que tiene noventa y tres aun habiendo respirado el humo de mis cigarrillos y los de su marido durante mucho, mucho tiempo, aun habiendo trabajado como una mula durante muchos más tiempo, solo para conseguir un hijo idiota y vivir de la "caridad" de la Seguridad Social y no con lo ganado con mucho esfuerzo llamado "Pensión". Ah, y sobre todo lee mucho.
En cuanto a los datos e informaciones que recibimos de los legisladores de turno. Acuérdate del "Prestig", del "Atentado de Atocha", de la "intervención humanitaria en Irak", sobre los "números y promesas del paro", de la gripe "A" y vacunas y sobre "aquí no hay crisis y sus consecuencias ", por poner algunos ejemplos. ¿Tenemos que cuestionar o no estas informaciones?
Concluyo. Legisladores, si el tabaco mata no lo comercialicen, denle oficialmente la categoría que ustedes mismos predican que tiene y que no se atreven a catalogar oficialmente, la misma que las otras drogas, sean valientes, los narcotraficantes siempre existirán, con o sin tabaco y alcohol, así como, siempre que hayan Bancos y paraísos fiscales existirán personas de poca honra y nula honestidad en todos los frentes (este escrito es ya muy largo para ponerme a darles ejemplos sobre ello que no hacen falta). No hagan las cosas a medias, se es o no se es, esa es la cuestión. Parece que la honestidad sólo enriquece el espíritu.
En cuanto al futuro de esta prohibición (la de fumar en lugares donde la entrada no es obligada sino que elegida) y conociendo a mi país, preveo que la picaresca acabará con ella o será burlada. España siempre ha estado situada en el sur de Europa y cargada de artistas de todo tipo y en todos los frentes. ¿Pruebas? Mi droga, el tabaco, se encuentro en los estancos pero, que yo sepa, no hay locales conocidos para la venta de otras drogas y estas se han convertido en unos de los mayores problemas de Europa y se considera que España es su principal puerta de entrada. Algunos de nuestros compatriotas son consumidores de estas drogas, ¿En qué porcentaje? ¿Cuál es el coste económico anual dedicado a su ayuda? ¿Cuál es el coste en vidas? ¿Cuál es el grado de incidencia en la salud pública? ¿Cómo se controla? ¿Cómo se lucha contra ella y cuánto nos cuesta?, etc. Muchas son las preguntas que puedo enumerar y pocas las respuestas que podría creer.
¡Uf! Lo que llego a hacer para excusar mi idiotez. Salgo a fumarme un cigarrillo en la terraza. Ya no aguanto más. Es cierto que estoy enfermo, por eso mismo, lector, te pido comprensión si me ves fumar, yo ya soy muy consciente del grado de daño que hace, otra cosa es la conciencia que realmente tiene de ello la sociedad y esta debería preguntarse sobre el porqué, el cuánto y el cómo lo trata. ¿Será que les han dicho que el cambio climático también es culpa de los fumadores?
Pero ¿y tú lector? ¿Sabes a qué humos hago hincapié en este escrito? No te creas a los que suben la edad de jubilación excusándose con la esperanza de vida de las próximas generaciones y al mismo tiempo prohíben fumar para que esta esperanza de vida se alargue, al tiempo que tienen el monopolio de la venta del tabaco por la que recaudan la mayor parte del coste de la sanidad y pretenden gastarse el mínimo con los enfermos por el tabaco, fumadores o no fumadores, al tiempo que todo el daño económico de la sanidad recae sobre el tabaquismo y equiparan el mal del tabaco a los accidentes de tráfico como si el resto de males y enfermedades de esta sociedad no existieran para sanidad, como si no fueran del mismo saco. La próxima será recortarte más el sueldo, porque este es el culpable de que te puedas permitir fumar, comprarte el coche, ir de vacaciones, adquirir un piso, etc. En sí, es el culpable de que tu nivel de vida sea el idóneo para que la productividad deje de ser competitiva. Los números son eso, números, a menos sueldo, más obreros puedo contratar, más horas dedicarán al trabajo y, lógicamente empresarialmente podremos ser más competitivos en el mundo. Estos son tiempos idóneos para la captación de mano de obra de todo tipo y eso lo saben los grandes políticos europeos. Llegan tiempos en que los negocios dependerán de un tráfico controlado de mano de obra, similares a los de tiempos pasados, a los tiempos de mi infancia. Sí, amigo lector, el humo del tabaco, no es un mal social, es un bien político de nuestro tiempo, es un humo que sirve para nublar un futuro lleno de recortes por el que políticamente ya se apostó hace tiempo. Nadie sabe cuál será el futuro que nos corresponderá vivir, pero yo apuesto a ciegas, con quien sea, que este es el futuro que viene, el que te enseño sin nublarlo en este escrito cuando no te hablo del humo de mi cigarrillo. ¿Quién apuesta en contra?
Artpac5.